Hablábamos el otro día de trabajar la agenda juntos para conseguir encajar esos momentos para los dos, ese “tiempo de calidad” en el que nos sintamos como al principio: solos. Y seamos capaces de conectar por dentro.

Pero para que esos momentos funcionen de verdad, hemos tenido que pasar también juntos bastante tiempo de “baja calidad”, es decir, esos momentos que nos querríamos ahorrar todos: recoger la cocina, bañar al enano, rematar los deberes con esa hija que se tuerce hasta límites exasperantes…

Es importante que nos veamos juntos con la gota de sudor por la sien; eso une, si señor. Es bueno que si se ha levantado a darle un paseo al de cinco meses que no para, asomemos la nariz, aunque sea como muestra de solidaridad.

En fin, que ahí también cimentamos la comunicación porque nos sentimos cercanos, en el mismo barco y entonces nos apetece a los dos escaparnos juntos, aunque sea a la vuelta de la esquina como decíamos.

Se trata de mantener la conexión activa a lo largo de los distintos contextos del día. Incluso cuando no estamos juntos es posible mantener esa unión.

Ahora no hay excusa, con la mensajería es fácil permanecer conectado a lo largo del día. Ese whatsapp de ¿cómo estás? ¿qué tal te ha ido la reunión? Nos acerca durante la jornada y mantiene viva la presencia del otro en las intensas horas de trabajo.