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Ese tiempo brindado del que hablamos es un espacio para mirarse a los ojos exclusivo de ellos dos. Consiste en dedicarse tiempo como si no existiera nada alrededor.
A veces empleo la comparación con la época en la que el chico iba a buscar a la chica que acababa de llegar de la facultad o de donde sea y él llegaba a su portal llamaba al portero electrónico, esperaba unos minutos mientras ella bajaba y se marchaban un rato a dar un paseo, si el tiempo lo permitía, o a tomar algo si el presupuesto lo permitía. Desde luego lo que estaba claro es que en ese rato nada importaba más que estar junto. Mirarse, hablarse, escuchase…
Y no es espíritu romántico afirmar que eso se debe replicar de alguna manera en nuestra vida actual. Si renunciamos a esto no podemos quejarnos de que nos falta ilusión, de que ya no sentimos de la misma manera.
Además, si no mantenemos esas tuberías bien limpias permitiendo que la comunicación fluya densa cada día , nuestra relación no crecerá al mismo tiempo que crecemos cada uno de nosotros. Que crecemos en madurez, en visión de la vida, en ideas, proyectos, en ilusiones, en preocupaciones… Si nos falta ese rato diario, ¡repito diario! Nos podemos perder cómo está el otro por dentro.Cuál es la rabiosa actualidad de nuestra pareja.
Y de verdad que no hay excusas. No podemos decir que es imposible estar a solas porque tenemos hijos, porque nos falta dinero, porque estamos cansados y nos falta energía.
Lo veo como una terrible paradoja: estamos demasiado ocupados sacando adelante un fabuloso proyecto que es nuestra familia, y por ese exceso de dedicación nos quedamos sin fuerzas para atender el núcleo, el fundamento, el origen de ese proyecto que sois vosotros dos.
No caigáis en esa paradoja.