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Todo depende de la mirada. Quiero decir que el modo en que vemos al otro tiene mucho que ver con el modo con el que le miramos. Si la mirada es benévola, con cariño…será más indulgente y pasará por alto muchas cosas, pero si no…

A veces es él el que está ñharto de ser el blanco de toda las críticas, como si todo lo que hiciera estuviera mal. Otras veces es ella la que siente que no hace nada bien, porque todo lo que recibe son comentarios negativos, críticas, todo alejado del reconocimiento.
Y el problema es que para él ella es su espejo, y para ella lo es él. Es decir, el eco de lo que yo hago me lo da como resuena en ella. Y ella percibirá lo que yo hago dependiendo de cómo me mire.

Pues fíjate, para evitar esa mirada implacable lo mejor es mirarte a ti mismo por dentro. Verás que eres limitado, que cometes errores y no pocos…si Tomàs conciencia de esto te resultará más fácil relativizar los defectos del otro.

Este es el antídoto a la mirada severa, dura, exigente, que no pasa ni una.