Luis estaba muy a gusto en su empresa, confiaban en él y él le gustaba su trabajo. Pero un cambio en el vértice de la gestión hizo que las cosas cambiarán, empezó a recibir cada vez más y más presión, y lo que es peor, empezó a sentir desconfianza a su alrededor. Cada día volvía a casa con bastante ansiedad, trataba de gestionarla como hecho siempre intentando mirar para otro lado y distraerse, pero no funcionaba siempre. No le decía nada a Ana, prefería no preguntarle con sus rollos y además confiaría en que antes o después pasaría esa mala racha. Ana evidentemente lo notaba porque le veía más serio y más callado.


Marta no es de las que se queja fácilmente. Es capaz de aguantar bastante. Trabaja mucho dentro y fuera de casa, en esta época en la que la hermana de Pedro se acaba de separar, está echando mucho de menos a su marido Pedro que muchas tardes está con su hermana o con su madre que está muy preocupada con el tema de su hija. Marta entiende perfectamente que es una circunstancia excepcional y tira para adelante bastante sola. Tiene un corazón grande y le resulta muy mezquino, muy egoísta reclamarle a Pedro que deje de atender tanto a su hermana para hacerse cargo de lo que le toca en casa. Por eso ha decidido callarse, pero se está sobrecargando, está cada vez más cansada y se le nota en su modo de responder y en general en su tono vital.
Tanto Luis como Marta deberían ser mucho más transparentes con sus respectivos. No hay que generar esos compartimentos estancos, por muy bien intencionados que estén.

Así que ya sabes, si eres Luis o si eres Marta está un paso al frente y dile a tu pareja que tenéis que hablar. Y se lo cuentas te abres en canal y te dejas ver por dentro.