Con el curso ya comenzado y la mayoría de las rutinas en marcha, me parecía oportuno señalar una “rutina” de las buenas que debe tener su hueco claro en nuestro día a día. Me refiero a la necesaria comunicación diaria entre los dos.
Y hablamos de comunicación a fondo: esos ratos en los que nos palpamos por dentro, nos miramos a los ojos y en los que nos encontramos realmente bien, como si hubiéramos volcado en el otro lo que llevamos más dentro. Y claro, eso no se logra despachando los asuntos pendientes o gestionando las múltiples citas de la semana.
Para ese tipo de comunicación de alto calibre necesitamos tiempo para los dos solos. Ratos, largos y cortos en los que nada ni nadie nos interrumpa.       

 -“Pero si eso es imposible”- me podréis decir –“con todo lo que llevamos encima, ritmos, horarios, niños…encontrar momentos de aislamiento es un desafío imposible!”-

¿Y si concluyéramos que cerrar la comunicación íntima entre los dos equivale a cortar el tallo a una planta? ¿Alguien se sorprendería de que en poco tiempo todo se fuera marchitando sin remedio? Entonces seguro que buscaríamos los medios para superar ese supuesto desafío imposible, que no lo es, y todos los días tendríamos nuestro rato. Porque de eso se trata, de encontrar a diario un rato blindado para los dos en el que nos nutramos el uno del otro.

¿Y por qué? ¿es tan necesario hablar? Fíjate, está claro que las necesidades comunicativas varían mucho de persona a personas. Podríamos incluso decir que de hombre a mujer en general, pero hay tanta casuística que aquí las reglas generales no suelen valer. El caso es que a cada uno se nos llena el vaso de la comunicación más o menos rápido. Pero esto importa poco, porque cuando nos sentamos a hablar nuestro objetivo es la felicidad del otro y por tanto, nos debe preocupar que colme sus necesidades comunicativas. Es decir que se desahogue, que se sienta acompañado y por otro lado yo debo asegurarme de compartir con el o ella aquello que creo que es realmente importante para mi.

Así conseguiremos varias cosas: En primer lugar conocernos mejor; saber que pasa por su cabeza, por su corazón, en esos días, en esos momentos, no en general “ si ya le conozco” sino ahora: ¿Qué ilusiones tiene, qué preocupaciones? Es una toma de tensión constante que nos mantiene unidos. Cada una de esas conversaciones densas, son como un punto de silicona que une las dos piezas de manera inseparable. Así crecerá día a día nuestra confianza, base de nuestra relación, fortaleceremos cada vez mas su posición de confidente. Estaremos deseando compartir con el otro eso que llevamos dentro; y así crecerá en la otra persona una confianza inquebrantable hacia mi, tan necesaria en el robustecimiento de la relación.
Al conocernos mejor, además, tendremos muchos más datos para acertar en lo que él o ella desean. Podremos comprender mucho mejor sus motivaciones, sus anhelos y sabremos acercarle más a sus sueños. En fin, tendremos muchas más claves para hacer feliz a nuestra pareja.

Por lo tanto, no olvidemos incluir en nuestra agenda algunas citas fijas que nos aseguren una correcta atención a los aspectos que acabamos de abordar: Todos los días un rato de conversación cercana y pausada entre los dos, sin pantallas ni otras distracciones. Todas las semanas salimos los dos un rato a solas, a caminar, a tomar algo…lo que nos de el presupuesto y la logística. Al menos una vez al año, un fin de semana de escapada los dos solos.


Si tenemos la disposición adecuada el uno al otro y cuidamos estos puntos de encuentro, no dejaremos de crecer nunca en cercanía e intimidad.