Vivir juntos y que haya roces es todo uno. Sin que se trate de grandes cosas. Con frecuencia son diferencias de opinión, de visión o de sensibilidad las que nos pueden llevar a enfrentarnos. 
Y en la confrontación y con el ánimo caliente podemos lanzar dardos o hacer cosas que duelan. 
El perdón es la salida. 
Ten la sencillez de decir:
«Lo siento de verdad, lo he hecho fatal» 
«perdóname, de verdad, no pretendía hacerte daño»
Y ten grandeza de alma para perdonar de verdad. 
Porque muy probablemente el dolor que sientes no era buscado. Con frecuencia la ofensa viene más de no saberlo hacer mejor que de mala intención. Y en este segundo caso, tantas veces es fruto de esa subida de temperatura…que hay que saber controlar, eso si.
Pero lo más importante es que entre dos que se quieren debe existir esa capacidad para entender que el otro no es perfecto, ni de lejos. Y tu tampoco. Por lo que los dos necesitáis ese espacio de frenada. Para parar sin pegárosla y recuperar la ruta.
Y seguir amando y sabiendo que nos puede defraudar en un momento dado.
 El perdón nos libera del veneno del rencor. Nos devuelve la serenidad. 
Y nos da la capacidad para seguir caminando juntos. Con los pies de barro.