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Es como si se tratara de un verdadero disparate.
¿Atarse? No puede resultar más negativo, más limitador de absolutamente todos mis movimientos… Y este es el mensaje, no solo en las marquesinas sino en todas partes.
Hace ya mucho tiempo que esto del compromiso vende poco y vende mal. Vende poco porque nadie quiere verse recortado en sus capacidades, iniciativas, etc. y vender mal porque cuando se habla del compromiso siempre se alude a su parte más negativas como algo que te comprime que te constriñe, que te impide ser libre.
Y sin embargo el compromiso es algo grande en la relación de pareja.
De hecho es lo que le hace crecer, robustecerse, construir sobre cimientos sólidos, dar y exportar seguridad y amor.
Porque comprometerse es elegir, y uno elige lo que quiere.
Uno elige a quien quiere, y elige a quien quiere más para ser compañeros toda la vida. Ese es el verdadero núcleo del compromiso: poner en el número uno de tu prioridad para todo y en todo en la vida, a la persona que has elegido para envejecer juntos. Y esto hecho a la recíproca, que es de lo que se trata, tiene una fuerza colosal. Saber que alguien a quemado las naves por ti… Puede más que todo. Incluso que una marea en contra que no hace más que decirnos que debemos mirarnos mucho al espejo y decirnos chico tu si que vales.
No me quiero atar.
Pues no te ates, peor para ti, no sabes lo que te pierdes.
Es una gozada crear un hogar junto a la persona que quieres. Y un hogar es cosa sería. No se me ocurre mejor proyecto que dos personas puedan poner juntas en marcha.