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En las parejas que recibo semana tras semana en mi despacho me encuentro muchas veces este cuadro de desgaste por agotamiento que está tantas veces detrás o delante de los desencuentros entre los dos…
Es normal, el cansancio nos desgasta, nos quita las energías, el entusiasmo, incluso la ilusión. ¡Cómo no va a afectar nuestra vida de pareja! Lo hace y mucho, la cuestión es saber torear bien este toro para que no sea un Miura sino una vaquilla manejable.
Lo primero que haremos es poner la etiqueta:
“Estoy cansado, está cansada” y viceversa. Y así entender que no pasa nada más ,!ni nada menos! Pero que no hay que buscar tres pies al gato.
“¿Por que habrá reaccionado así?” o también “Aquí hay mucho silencio”
Lo que nos pasa es que estamos exhaustos y no podemos con nuestra alma.
Lo segundo poner medidas. No puede ser que siempre dejemos para nosotros el momento de mayor desplome. Debemos reservarnos energías el uno para el otro. Habrá que elegir los tiempos para esta juntos, para hablar; y que no sea cuando ya se nos cierra el ojo.
Lo tercero y muy importante: no dejar que el cansancio nos aísle. Es aquello de:
“Estoy hech@ polvo y no se da cuenta” o
“No es consciente de todo lo que llevo encima “
Porque pensamientos como este, nos distancian y normalmente no son más que fruto de nuestro cansancio que nos lleva a mirarnos el ombligo demasiado y compadecernos mucho de nosotros mismos pensando además que nadie , ni siquiera nuestra pareja, es consciente de lo mal que estamos.
¡NO! Pasadlo juntos, el cansancio quiero decir. Es mucho mejor pasar juntos otros ratos pero si llega esto, abrazaros en silencio y volcad en el otro vuestro desplome. Daros consuelo mutuo así y recordad que muchos han estado, están y estarán en esa misma situación y que salen adelante con ese enfoque.
Sería como añadir a la fórmula bajo la que muchos nos casamos:
En la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, en el cansancio diario y en el desgaste….todos los días de mi vida.