Siempre me ha gustado la imagen de la canoa, para las parejas que quieren quererse bien.

Van remando los dos, acompasados, a buen ritmo, sabiendo que están ahí el uno para el otro…

Así todo irá bien.

El problema es cuando uno mete el remo por un lado y otro por el otro rompiendo el ritmo, sin ponerse de acuerdo… así acabarán agotados de una forma estéril, ¡porque no avanzarán nada y además acabarán de muy mal humor!

Todo lo contrario a ese ritmo ligero, suave y tan agradable de irse deslizando por las aguas en su ágil canoa.

Y navegando en canoa, nos podemos encontrar con rápidos en los que hay que tener mucho cuidado, porque esas pequeñas turbulencias en el agua nos pueden hacer volcar y acabar empapados. Ahí será más importante que nunca, estar muy atentos a los peligros que vienen y muy coordinados para apoyarse en los movimientos. Exactamente igual que en la vida.

¿No te parece?

Habrá momentos en los que quizás allá muy poca agua y la canoa no pueda ni avanzar… hola entonces a los dos les tocará bajarse de la canoa mojarse los pies y los tobillos y agarrar la canoa con las manos para moverse a lugares más profundos.

Algo parecido a lo que a veces nos toca en nuestra vida de pareja cuando hay que poner más esfuerzo de nuestra parte porque parece no haber agua suficiente para que la canoa pueda navegar.

¡Un poco más allá, sin embargo, el río vuelve a tener caudal y por fin podemos poner la canoa en el agua y sentarnos cómodamente para dejar que nos lleve la corriente, parecía impensable, parecía que nunca iba a llegar este momento de nuevo!!