Me vienen a la cabeza hoy mujeres excepcionales, las primeras las que han cambiado mi vida y han hecho que sea mejor, la primera de ellas mi madre. Después pienso también en tantas mujeres que tengo la oportunidad de tratar en profundidad en mi trabajo, ellas aportan su género femenino, en momentos tan críticos y tan límite como son los que vivimos juntos en mi despacho.

Siempre he dicho que trabajando con personas y una forma tan íntima, lo último que haría es caer en clichés masculinos y femeninos. No obstante, No haría honor a la justicia si no dijera que muy frecuentemente son ellas las que llaman buscando ayuda para su pareja. Tienen muy claro donde deben buscar la felicidad, y lo hacen con ahínco. Con humildad reconocen que necesitan ayuda y que se han equivocado al igual que su pareja. Su sensibilidad les lleva a percibir detalles y carencias que al colmarlos enriquecen enormemente la relación de pareja.

Nosotros hombres, hoy más que nunca, les miramos y aprendemos.