La preparación de sesiones como esta que tendremos el próximo viernes me hace ahondar más en la idea de que este confinamiento nos pone delante lo que de verdad es inmutable, fundamental e indispensable en nuestra vida: nuestra familia, nuestro matrimonio.

El tsunami del coronavirus ha arrasado con nuestra vida social, con el deporte, con las aficiones… Ha puesto el trabajo que nos da de comer en jaque. Y nos retiene en casa.
Bueno pues yo hoy, más que nunca, reivindico lo doméstico.
Conociendo como conozco tantos casos de personas que el mercado calificaría como triunfadores, y que, por estrellarse en su vida familiar y de pareja se sienten totalmente desgraciados, insisto en que la felicidad la debemos buscar y encontrar en casa, en nuestras relaciones personales, lo demás no pasan de ser medios.
Así que vamos a aprovechar la semanas que nos quedan para sacar y quizás descubrir lo mejor de nosotros mismos en nuestra versión más doméstica. La auténtica, la genuina.

Vamos a hacer entre todos que sea verdad eso que suelen decir las encuestas: que el valor número uno es la familia; pero luego, en cuantas ocasiones corremos y nos desesperamos detrás de una promoción profesional, una mayor proyección social, un mejor perfil económico, una mejor imagen…dejando que la cuerda se quede cada vez más pelada por el otro extremo, y a riesgo incluso de romperse.
Que nos quede muy claro y no se nos olvide lo esencial en nuestra vida!
Ah! Y al mercado que le den tila, fíjate en que piltrafa se ha quedado…