Es más, casi diría que es lo que le da gracia al asunto. Al asunto de quedarse en pareja quiero decir.
Estoy escribiendo sobre esto porque el jueves pasado con un grupo de padres del colegio Santa Joaquina de Vedruna, aquí en Madrid, hicimos un recorrido por las cuatro claves fundamentales de la relación de pareja, y en varios momentos yo hice alusión a las profundas diferencias que existen de manera habitual entre hombre y mujer.
Nada especial desde mi punto de vista, porque en mi trabajo semana tras semana con cientos de parejas que tienen problemas y tratan de superarlo juntos, puedo atestiguar que existen esas grandes diferencias que si por un lado pueden generar incomprensión, también son la base de la mutua complementariedad y equilibrio entre el y ella. Algo tan necesario!
El caso es que a la cavar uno de los padres que estaban allí sentados intervino para felicitarme por la valentía de decir cosas que no se dicen habitualmente, yo se lo agradecí profundamente y al mismo tiempo me hacía la reflexión sorprendida de hasta qué punto hemos podido darle vueltas a cosas que son fundamentales.
Si entendiéramos de verdad que la óptica masculina y femenina son en muchos casos contradictorias, tendríamos más fácil el camino de la mutua comprensión y de la mutua aceptación de sus puntos de vista tan distintos para conseguir entre los dos llegar a un punto de encuentro, sin desacreditar a nadie en el camino.
Bueno, pues esa es parte importante de mi labor con todas estas parejas que gracias a Dios encuentran su camino de retorno a ese equilibrio en la pareja.